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“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc. 24, 5)

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Hermanos, hoy comenzamos a vivir el tiempo pascual, en mi opinión el tiempo litúrgico más alegre de todo el año, pues recordamos que Jesucristo ha resucitado, abriéndonos así las puertas del cielo y mostrándonos cuál es el destino de todo cristiano: La resurrección. Resurrectio Domini, spes nostra (La resurrección del Señor es nuestra esperanza). Además debemos recordar con San Pablo que vana sería nuestra fe si Cristo no hubiera resucitado.

Sin embargo, no debemos caer en la tentación de olvidar que para que Jesucristo haya resucitado, primero tuvo que pasar por la Cruz, por ello no hay que olvidar que acabamos de celebrar la fiesta más importante de nuestra fe, la Semana Santa, dónde la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Recuerdo esto porque muchas veces se nos olvida que el dolor, la incomprensión, el rechazo, es parte de nuestra vida como cristianos, como dijo el mismo Cristo “si el mundo os odia, no olvidéis que a mí me ha odiado primero… el servidor no es más grande que su señor” (Jn. 15, 18-20).

¿Por qué nos odia el mundo?

“Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, él mundo los odia” (Jn. 15, 19), no somos del mundo, sino que pertenecemos a Cristo, es por eso que el mundo nos odia. Por eso no es novedad los continuos ataques que padece la Santa Madre Iglesia por errores y pecados cometidos por hijos de la Iglesia, llamados a ser luz en medio del mundo que sufre en tinieblas, pecados que son aborrecidos por todos los que somos parte de la Iglesia, comenzando por el Santo Padre y terminando en el más sencillo laico. Estos ataques se extienden a la persona del Papa Benedicto XVI, al decir calumniosa y falsamente que él conocía y consentía estos pecados, y si embargo no es más que un intento de desprestigiar y hacer callar a la única voz ética que queda en el mundo y por lo tanto la única que puede decirle al mundo que no le es permitido hacer lo que le venga en gana, sino todo aquello que sea el auténtico bien.

Ante esta realidad he constatado con dolor cómo algunos hermanos católicos se avergüenzan de ser católicos y andan con la cabeza gacha, como si creyeran todas las mentiras que algunos medios de comunicación dicen. Con esto no intento negar u ocultar la realidad de pecado de un grupo minúsculo dentro de la Iglesia, sino simplemente decir que los católicos no podemos avergonzarnos de ser católicos porque unos pocos (muy pocos) se equivocaron. Al contrario los católicos que queremos ser fieles a Jesucristo debemos avergonzarnos y odiar el pecado, y perdonar al pecador, debemos rechazar todo acto contra la moral, ser valientes al reconocer nuestros errores, pero jamás agachar la cabeza como si no hubiera solución.

Vivir la resurrección implica primero morir con Cristo

Para vivir la resurrección de Cristo auténticamente debemos primer haber muerto con él el viernes santo, solo así, estos días de pascua podrán ser vividos con auténtica esperanza y alegría. Esta muerte con Cristo implica el haber muerto a nuestro pecado, a nuestros gustos, a nuestros vicios, a nuestra soberbia y envida.; para así poder nacer a la nueva vida que nos trae Jesucristo. Pero también significa el morir a todo aquello que embota el corazón y nos impide dar testimonio con la vida de la resurrección de Jesús, esto será nuestras dudas y miedos a decirnos católicos para evitar que nos cuestionen o critiquen por los males de unos pocos.

“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”

Este pasaje de la escritura es muy significativo y creo que en él nos vemos reflejados muchos. Las mujeres han ido al sepulcro llevando aromas para embalsamar al Maestro, ellas, a diferencia de Santa María, no han comprendido, o no han creído cuando Jesús dijo que moriría pero al tercer día resucitaría; por eso van al sepulcro, tal vez con pena, tal vez desconcertadas y confundidas, pues Aquel hombre que les prometió la vida eterna, ahora estaba muerto. Cuántas veces es nuestra actitud como la de estas mujeres, cuántas veces nos comportamos como si no confiáramos en la resurrección de Cristo, en sus promesas, y vamos por el mundo entristecidos porque el Maestro ha muerto.

Al ver la piedra movida el desconcierto aumenta en las mujeres. Es acaso también esa nuestra actitud, la de no comprender los signos que nos pone el Señor como anuncio de su resurrección, acaso también nosotros vamos buscando a Cristo vivo entre los muertos, en medio de la cultura de muerte del mundo. Dónde buscamos nosotros a Jesús, en la Iglesia o en el mundo.

Encuentro con Cristo Resucitado camino al apostolado

Pero como el Señor conoce nuestros corazones, muchas veces cegados por los resplandores del mundo, otras veces endurecidos por los problemas, calumnias y mentiras contra la Iglesia, nos dice claramente “Ha resucitado”. Me pregunto cuál habrá sido la reacción de las mujeres, cómo habrán vuelto a casa, qué pensaría, qué conversaría, la escritura no nos lo dice, sin embargo creo que una cosa es segura, no volvieron siendo las mismas, sus corazones comenzarían a comprender y a creen en Jesucristo, ya nos les quedaría duda, Jesús es el Mesías prometido.

Este encuentro con la realidad de Cristo resucitado llevó a las mujeres a anunciarlo. No se quedaron tranquilas, no se fueron a sus casas o a seguir con sus quehaceres cotidianos, sino que “cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás” (Jn. 15, 9). Es decir fueron a anunciar la resurrección de Jesús, esto es evidencia de la transformación ocurrida en su interior.

Esto mismo es lo que debe ocurrir en nuestras vidas, primero conocer y reconocer que Cristo ha resucitado, luego acoger esta verdad en nuestros corazones y finalmente dar testimonio de esta verdad, anunciar a todo el mundo que Cristo está vivo. Pero el anuncio no debe ser solo de palabra, sino, ante todo, un anuncio vivencial, es decir cada católico debe vivir con la conciencia de que Jesús ha resucitado, dando testimonio de ese acontecimiento que cambio la historia de la humanidad y de cada persona. Ya nada es igual, aquel que ha descubierto que Cristo ha resucitado no puede vivir sin esperanza en la vida eterna, no puede ir por el mundo actuando como si después de la muerte no hubiera nada más, sino que todas sus acciones deben apuntar a la meta última del cristiano: Contemplar el rostro amoroso de Dios.

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Comentarios “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc. 24, 5)

No he encontrado en los muy  numerosos sitios de Internet que anuncian la explicaciónde las palabras de Jesús: "Les aseguro que el servidor no es más grande que su Señor" ninguna explicación puntua y satisfactoria l de estas palabras. ¿Alguno de los Pades de la Iglesia o algún teólogo las ha explicado?
Gracias por respnderme

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